Es una chorrada que he encontrado en internet, lo pongo para que os echeis unas risillas y tengais un momento de relax en el estudio...Ánimo y mucha suerte, menos a Anabel, que es una máquina y ya ha acabado, pasando perfectamente limpia y con notazas a cuarto...ENHORABUENA!!!
Qué chungo que es estar encerrado en tu habitación estudiando las estupideces que olvidarás medio minuto después de acabar los exámenes. hoy desvelaré los secretos de esa máquina infernal que os acompañará hasta que acabéis el instituto, os licenciéis, hagáis una oposición o, simplemente, los hagáis por gusto (unos se fustigan con látigos, otros se queman los pezones con cera, otros hacen exámenes, allá cada cual con sus perversiones)!
La verdad, no os voy a mentir: Una vez que la gente entra en la etapa laboral seguro que los exámenes se echan de menos. Esos nervios conjuntos, esas ganas de asesinar al profesor con un machete oxidado, ese odio común hacia la típica listilla que no necesitaba repasar los apuntes a última hora… ay, los exámenes. Si lo pasabais mal comiendoos la carcasa de los bolis (la causa de cáncer más habitual en el 2025), esperad a ver qué sentís cuando ninguno de vuestros amigos pueda quedar porque está estudiando Física termonuclear II: The revenge. Arrugas seguras e inmediatas, gente. Así que vamos con los puntos básicos por los que todo manual de estudio debe pasar para ser políticamente correcto, empezando por cómo debe estar nuestra habitación, aparte de tan desordenada como siempre.
No hay experto que no diga lo mismo. El lugar donde se estudie debe estar bien iluminado, ser silencioso, ordenado, inoloro, insaboro, y si puede ser una cápsula de contención opaca, mejor. Nada para distraerse, vaya. Patrañas y mentiras, coño. El problema de tener expertos en estudiantes es que hace veinte años que no han estudiado. Los jóvenes de hoy en día estamos acostumbrados a la marcha, el jevi y el cachondeo ye-yé, necesitamos a todas horas algo que nos reafirme como jóvenes, ya sea una gorra hacia atrás (porque todavía se lleva, ¿no? ¿Sigo siendo joven?), un yo-yo en las manos, una bolita antiestrés (que estresa que da gusto) o la cabeza de una cabra muerta, que no será propio de jóvenes pero es ideal para comprobar si tus padres te dejan hacer lo que sea en exámenes. Da igual que la habitación esté ordenada, pulcra y con cada cosa en su sitio. A menos que seas un maniaco de la limpieza, en media hora, como poco tendrás tres montones de apuntes (por estudiar, estudiados y para repasar) medio mezclados, un cómic tirado por ahí para una de esas fabulosas “medias horas de relax” (no me sean guarros, no ESE TIPO de relax. Ese relax mientras se estudia, que parecen nuevos), el ordenador encendido, más apuntes en el suelo de los de “estudiar luego” y la cabeza de la cabra coronando la habitación. Ya puestos, déjala revuelta, dentro de tu “desorden ordenado” (si no habéis usado esta excusa nunca para no ordenar vuestra habitación, ¡aprovechad!) y dedícate a lo suyo, que es el estudio. Valen más cinco minutos concentrado y quince perdiendo el tiempo con tonterías que veinte minutos de estudiar mientras piensas en cualquier otra cosa. Lo importante no es el lugar, coño, sino tu actitud ante el libro que acabas de abrir. Si eres garrulo, lo serás siempre. Con cariño para los garrulos que me visitan, si es que hay alguno, que lo dudo.
Y es que no puedo evitar partirme de risa cada vez que veo el telediario de Antena 3 y sus fabulosos reportajes en época de exámenes, siempre iniciados con el mismo discurso año tras año:“Nervios, sudor, cafés y algún que otro lloro. Es lo que se ha vivido hoy en las aulas en las que…”. Ni se preocupan de contratar a un becario para que se lo cambie. Total, para qué, en Navidad hacen lo mismo. El verano pasado, debido a Selectividad (el examen que sirve para decir “Bueh, yo saqué un ocho sin mirármelo apenas” aunque no salieras de casa durante diez días), sacaron a un grupo de cinco chavales, prototípicos de un colegio privado cualquiera (esto es: Pelo engominado, uniforme, hablando como si se hubieran empollado el diccionario Español-Repipi, Repipi-Español) diciendo que siempre estudiaban en una habitación cerrada que ventilaban cada quince minutos, bien iluminada, con los lápices alineados a noventa grados y no permitían que nadie entrara en la habitación. Vamos, que se han buscado la excusa perfecta para emporrarse hasta el ojete sin que nadie les pueda decir nada. No son listos ni ná los de los colegios privados. Más que el hambre.
Pero como íbamos diciendo, el lugar no es lo importante. Lo importante es saber cómo hay que estudiar. Lo que los expertos llaman técnicas nemotécnicas de estudio y el resto de la humanidad conoce, simple e incultamente, como “técnicas de estudio”. Se hacen cursillos enteros para las jodías técnicas, como si uno necesitara treinta horas para saber que haciendo acrónimos se estudia más rápido que no haciéndolos. Cultura general, macho. Las técnicas de estudio son como los culos: Cada uno tenemos uno y, aunque estamos contentos con él, nos gusta más el del vecino. Si estudiamos haciendo esquemas, seguro que nos convence más el que hace acrónimos, y viceversa. Si estudiamos cantando (¿Quien no se ha inventado una canción para aprenderse los ríos de España? La mía rimaba y todo) nos gustará más el que necesita bailar para aprenderse la lección (conocí a un chaval así, lo juro)… Vamos a desengañarnos: Al final, lo importante no es hacer un esquema, un resumen o aprenderte la primera sílaba de cada párrafo quedándote con algo inconexo o con un sentido discutible (“La llama son máximo placer”), sino saber de lo que estás hablando. Con haber ido a clase, y esto es cierto como que hoy hace sol, tienes la mitad del curro hecho.
Lejos quedan técnicas de estudio que no funcionan por mucho que os hagais creer a vosotros mismos que sí: Estudiar con la tele encendida no funciona, tener el libro cerrado mientras veis una serie “para reposar lo aprendido” sólo funciona si llevais estudiando dos horas y sólo veis un capítulo (que me sé de gente que estudia cinco minutos y después se tira cinco horas viendo la tele como premio. Luego se extrañan de sus suspensos. Sigh, qué mundo) y, definitivamente, tener la música puesta a todo volumen no ayuda a concentrarse para estudiar a no ser que viváis en la casa de los mil gritos. Lo siento mucho, podéis intentar que me crea que se os da mejor concentraros en vuestros apuntes de derecho mientras escucháis a Marilyn Manson o a Blind Guardian, pero no cuela, coño. Es totalmente imposible. Y no es porque no lo haya intentado, pero la cabeza simplemente se va.“Bien, Constitución española, párrafo 2, artíc…eeeh, esta me la sé. Imaginations from the other siiiide…”. Y, por si fuera poco, la música relajante todos sabemos que lo único que consigue es hacer que nos crispemos. Si tan bueno fuera estudiar con música, las bibliotecas tendrían unos bafles tremendos en vez de tanta enciclopedia que ya nadie mira (teniendo Wikipedia, ¿quién quiere más?).
Así que para estudiar en silencio, a muchos nos queda una sóla opción: La noche. Suponiendo, claro está, que ya tenemos nuestros apuntes o, en su defecto, se los hemos fotocopiado a esa chica tan maja que subraya en cinco colores diferentes y tiene todas las papeletas para convertirse en una psicópata dentro de cinco años. Pasar una noche entera sin dormir estudiando es algo que todo el mundo debería hacer como experiencia de alto riesgo. Llantos, alegrías, mensajitos por el móvil, cafeína (ya sea en formato refresco o en café. Lo que me recuerda que una vez mi padre me trajo para pasar la noche Coca-cola sin cafeína. Gracias, padre, chócala ahí), drogas varias (supongo, no lo sé. Lo más cercano a una droga que he probado es el Red bull) y una sensación de estar haciendo algo útil por la comunidad que no te la puede quitar mas que el sueño. ¿Pero quién quiere dormir? ¿No somos jóvenes? ¡Ya dormiremos en julio y agosto! ¡Viva! ¡Viva la juventud! Cuando os despertéis con una hoja pegada a la cara y llena de babilla, descubriréis que es la hora que estabais esperando: El examen ha llegado.
Hay dos partes básicas en todo examen además del examen en sí, que daría para un artículo como poco. Primero, antes de entrar, hablando con los compañeros y donde se sueltan las frases tópicas de rigor: “Casi no he estudiado” (traducción: adivinad quien sacará matrícula de honor), “Me lo sé más o menos”(traducción: No tengo ni pajolera idea), “¡¡Voy a suspender!! ¡¡No me sé nada!!” (traducción: ¡¡Me lo sé todo pero voy a causar nerviosismo general sin ningún motivo!!), “Espero que metan lo que me he estudiado” (traducción: Eh, me lo he mirado mientras venía en el bus, como poco sacaré un cinco, ¿no?) y la favorita de todo el mundo,“Suerte, chicos” (que viene a significar “Como saqueis más nota que yo, fingiré alegría y luego os criticaré en cuanto me deis la espalda”). Los científicos de todo el mundo aun esperan que alguien diga o haga algo original antes de un examen que no sea repasar a toda prisa, comparar apuntes a última hora (“¿Cómo? ¿Que EXISTE un tema 4?”) y deambular cual zombies hablando sólos (Debería haber una película con estudiantes en junio, por justicia).
La segunda parte es después del examen de turno, donde cada estudiante coge dos roles: El de putear o el de ser puteado. El que putea es ése que está tan seguro –o inseguro- de su examen que se dedica a ir preguntando una por una a todas las personas que se encuentra por el camino, no ya “¿Cuál era la respuesta a la pregunta cinco?” sino más bien “La respuesta a la pregunta cinco era Alemania, ¿verdad?”, creando confusión inmediata y mal rollo hasta que se publican las notas y vemos que, efectivamente, Alemania no era la respuesta. El puteado, en cambio, vive en la incertidumbre, compara mil libros, busca por Internet, llama al profesor y sin resultados hasta que sale el examen y comprueba que, efectivamente, no era Alemania. Tampoco la que él había puesto, pero Alemania no era. Cambiarán los alumnos, pero todos hemos hecho lo mismo una y otra vez, maldición.
Tras un breve repaso general a tan nuestros queridos exámenes sólo me queda decir que dejen de leer idioteces como esta y se vayan a estudiar. Piensen que si consiguen sacar la ingeniería podrán trabajar perfectamente como cajeras en el Mercadona.
Ánimo.
Gracias!!
"¿¿Que hay un tema 4??" A mi me pasó en un examen que llegué diciendo "Mira, menos mal que no entraba el tema 11 porque no he dormido para terminar el 10" Y que me dijeran "Sí que entraba... Lo puso en el campus virtual" ¬¬
QUÉ GANAS DE TERMINAR, LALY...
Lo de la pérdida de temas me ha pasado a mí mil veces, pasar de tema 3 al 6 y cosas similares...lo raro es que haya acabado la carrera xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
MUCHÍSIMO ÁNIMO, que este mes se pasa enseguidita...